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miércoles, 7 de febrero de 2018

El honor de ser padre o madre


Algo que podemos resaltar del capítulo 5 de Génesis es que, para Dios, lo más importante y trascendental de la vida de cada hombre que se menciona ahí son los hijos que tuvieron. Date cuenta que no menciona sus logros, victorias ni proezas, pero sí el hecho que fueron padres.

El Dr. Edwin Loius Cole enseñaba que en la sociedad actual se honra, reconoce y valora los títulos y logros que las personas alcanzan: "el gran doctor en medicina con post grado en tal universidad y premiado por tal organización", "el científico con 5 doctorados descubridor de tal sustancia radiactiva", "el deportista ganador de tantos trofeos y medallas que superó todos los records", etc., pero no honran, reconocen ni valoran a un buen padre.

Lamentablemente invertimos mucho tiempo y energía para crear un gran nombre, para ser reconocidos y recordados por generaciones, pero no le damos la debida importancia al gran privilegio que tenemos de ser padres o madres.

¿Cuántos de nosotros recordamos el nombre de nuestros tatarabuelos? Creo que muy pocos. ¿Qué tal de nuestros tatara tatara tatara tatarabuelos? Creo que ninguno. ¿Por qué pensamos, entonces, que nosotros sí seremos recordados? ¿Por qué ese empecinamiento de engrandecer nuestro nombre cuando para los únicos que debemos ser grandes debe ser para nuestros hijos?

El único nombre al que nosotros debemos engrandecer es el de Jesús. Si hacemos eso, Él se encargará de engrandecer el nuestro (Génesis 12:1-3), y aun así, no te ilusiones mucho, porque no será para siempre. Además, cuando Jesús engrandece tu nombre, el objetivo no es que tú seas conocido simplemente porque sí y que tú te lleves la gloria, sino que el objetivo es que Él sea conocido y que Él se lleve la gloria.

No te esfuerces en ser reconocido por la sociedad, sino por tus hijos. No te esfuerces en ser grande para otros, sino solo para tus hijos. Ser grande para ellos, no es difícil: Pasa tiempo con ellos, escúchalos, juega con ellos, interésate en lo que ellos se interesa, conócelos. Lo único difícil de esto es que tenemos que poner nuestro egoísmo de lado, ese afán de querer figurar y crecer ante los ojos de otros, pero su recompensa va más allá de esa satisfacción efímera de recibir elogios de otros, porque lo que sentirás es la llenura del sentido de satisfacción permanente, ese sentido de haber cumplido tu tarea más importante encomendada por tu Padre Celestial mismo: el ser Su reflejo ante Su hijo o hija, porque, a fin de cuentas, nunca fueron nuestros hijos, solo pasaron por nosotros.

¿No sabes cómo ser un buen padre o madre? Tu Padre Celestial sí sabe. Él está más interesado en ayudarte que tú mismo, porque Él ama a tus hijos más de lo que tú jamás podrás hacerlo, los conoce desde antes que tú y mejor que tú. Déjate amar por Él, déjate llenar con Su amor, Sus palabras y Sus abrazos, porque recuerda, que antes que padre o madre, tú eres Su hijo. Esa será la mejor manera que aprendas a ser un buen padre o madre.

¡Espero te haya ayudado!

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Para más enseñanzas y consejos para padres, visita los siguientes links:

martes, 26 de septiembre de 2017

Descansa de Ti Mismo

Cuando uno vive en la Ley vive cargado, con estrés y preocupado, y esto es porque en la Ley dependes de tus propios esfuerzos y méritos para tu éxito. Pero cuando uno vive en la Gracia de Jesús vive descansado todo el tiempo porque no depende de lo que uno mismo pueda ganar, sino que confía que lo que Jesús ganó es suyo también. ¡Mejor es la gracia!

Jacob estuvo confiando en sus propios esfuerzos para arreglar su vida, para escapar de su pasado y de las consecuencias de su accionar. A pesar de ser nieto de Abraham e hijo de Isaac, los hombres de Dios de ese tiempo, se sentía indigno de que Dios estuviera con él por las cosas que hizo. ¡Pero Dios estaba con él, solo que él no lo sabía y no se sentía digno de eso!, y esto lo sabemos porque vemos que cuando Jacob decidió descansar cuando huía de su hermano, se quedó dormido y tuvo un sueño: el cielo abierto sobre él con una escalera en donde ángeles subían y bajaban, y luego Dios, además de confirmarle el mismo pacto que le hizo a su papá y abuelito, le habla a su corazón diciendo: "Yo estoy contigo" (Génesis 28:15).

Yo me imagino que ahí comenzó la sanidad para el corazón de Jacob. Me lo imagino llorando diciendo: "Pero Dios, cómo vas a estar conmigo si yo solo le hago daño a la gente, los engaño, busco lo mío propio, me conocen como un suplantador, engañé a mi propia familia. Señor, no soy digno que estés conmigo". Y creo que esas palabras seguían ministrando a Jacob: "A pesar de cómo eres, te amo, yo estoy contigo". ¡Wow!

Ahora, ¿en qué momento Jacob recibió esa revelación? ¡Cuando decidió descansar! Ese es el secreto: tienes que descansar de ti mismo, de tus esfuerzos, de los intentos de ganarte las aprobación de Dios y de otros, de intentar de ser digno de ser llamado Su hijo. ¡DESCANSA!

Si te sientes trabajado y cargado, ven a Jesús y descansa. En Él encontrarás el reposo que tu alma necesita (Mateo 11:28-29). Jesús no vino a darte más cosas que tienes que hacer para ganarte Su favor, sino que quiere enseñarte que Él ya lo ganó todo por ti. Tu actitud ya no será: Tengo que ir a ganarme las bendiciones de Dios, sino que será: Iré a recoger lo que Jesús me regaló.

Jacob pensó que huía de sus problemas, pero no huía de su verdadero problema: él mismo, el intento innato que tenía de ganarse las cosas. Además, seguro pensó que huía de Dios también, pero Dios nunca lo abandonó, solo que Jacob no se daba cuenta de ello. Jacob solo cerró lo ojos, y ahí estaba Dios.

¡Espero te haya bendecido!